Ayer, 15 de octubre, fui a Expo Cafés de Colombia 2026 en Corferias, Bogotá. Iba a lo que va uno a una feria de café: a probar, a conversar, a ver qué está haciendo la gente que cultiva. Salí con una taza en la memoria que todavía no me suelto, la de un café eugenioides.
Una especie que casi nadie ha probado
Si llevas un tiempo en el café de especialidad, seguro tu cabeza funciona en clave de arábica: variedades como Tabi, Bourbon, Castillo o Geisha, procesos lavados, naturales, honey. El eugenioides juega en otra liga. No es una variedad, es una especie distinta, Coffea eugenioides, y es una de las dos especies de las que desciende la arábica que tomamos todos los días. Encontrarla en taza es poco común, así que cuando tuve la oportunidad de probarla, no lo pensé dos veces.
Fue una experiencia sensorial impresionante. No te voy a dar una lista de notas de cata, porque lo que me quedó no fue eso. Fue la sorpresa de tomar un café que no se parece a lo que uno espera de un café, la sensación de estar probando algo de los orígenes mismos de la bebida. Llevo años alrededor del café y muy pocas tazas me han hecho detenerme así.
Los muchachos de Granja Paraíso 92
Si la taza fue lo que más me sorprendió, el trato fue lo que más me alegró. Los muchachos de Finca Granja Paraíso 92 me atendieron con una calidez que no se finge, de esa que uno reconoce enseguida porque es muy de nuestra tierra. Me sentí bienvenido, como en casa.
Ese es el lado de las ferias que más valoro. Más allá de los stands, son el lugar donde uno le pone cara a quien está detrás del café, donde se conversa de tú a tú y se entiende que la calidad no sale solo de la finca o del proceso, también sale de la gente.
Muchachos, mucha suerte en sus competiciones. Sigan poniendo en alto el nombre del café colombiano, y también el de su calidez humana, que es tan nuestra como el grano.
Por qué te lo cuento
En Zenda creemos que el café de especialidad es un derecho cultural, no un lujo. Colombia produce algunos de los mejores cafés del mundo, pero muchas veces no llegamos a tomarlos aquí. Ferias como esta nos recuerdan cuánto hay por descubrir sin salir del país, y lo valioso que es acercarse a quienes lo cultivan.
Mi invitación es sencilla: la próxima vez que haya una feria de café cerca, ve. Prueba lo que no conoces, pregunta, conversa con los productores. Tu paladar y tu forma de ver la taza no van a volver a ser los mismos.