La historia del café no empieza en una plantación elegante — empieza con un pastor, un monasterio y un rebaño de cabras sospechosamente enérgicas.

El pastor Kaldi y las cabras bailarinas

Siglo IX, región de Kaffa, Etiopía. Kaldi, un pastor de cabras, notó que su rebaño no dormía cuando comía las bayas rojas de cierto arbusto. Curioso, las probó y sintió un vigor inusual. Las llevó al monasterio cercano, donde un monje las arrojó al fuego. El aroma que surgió era embriagador. Los monjes recuperaron los granos tostados, los molieron y los mezclaron con agua caliente. Así, según la leyenda, nació la primera taza de café.

Arabia: donde el café se convirtió en cultura

En el siglo XV, el café llegó a Yemen, donde fue cultivado sistemáticamente. Los qahveh khaneh  “escuelas de los sabios”  se convirtieron en espacios de conversación, música y debate intelectual. El coffeehouse árabe era el centro de la vida social de la época.

Europa: del rechazo a la revolución

Cuando el café llegó a Europa en el siglo XVII, fue recibido con suspicacia. El papa Clemente VIII decidió probarlo antes de condenarlo   y lo bendijo. Los coffeehouses florecieron por toda Europa. En Londres llegó a haber más de 2.000. La Revolución Francesa, se dice, fue planeada en parte en los cafés parisinos.

El viaje a Colombia

El café llegó a Colombia en el siglo XVIII, cuando misioneros jesuitas lo introdujeron por Venezuela. El Padre Francisco Romero asignaba la siembra de café como penitencia, y así, entre avemarías y azadones, el café comenzó a conquistar las laderas andinas colombianas.

De ese bosque africano a tu taza

La próxima vez que abras una bolsa de Zenda, recuerda que estás oliendo el resultado de más de mil años de historia. De las montañas de Etiopía a los Andes colombianos. Del pastor Kaldi a los caficultores de Nariño, Huila y Tolima con quienes trabajamos hoy.